Sobre el asunto del “Kiko”: el erotismo como caricatura

CRÓNICA

Sólo ayer me enteré de lo que por hoy en nuestro contexto popular significa “hacer el Kiko”. Ya se me había venido a la mente que era algo de connotación sexual al leerlo en las redes sociales usado por un fanático de uno de los equipos –no sé por qué- más populares de fútbol contra los de otro similar sin el cual –tampoco sé por qué-  no puede vivir. Al confirmar el sentido de la idea, atraen dos asuntos: ¿Por qué un el fanatismo por un equipo de fútbol no puede existir tranquilo, sin humillar a su no sé por qué tan férreo opositor? No bastan los malhadados triunfos; esencial la necesidad de restregárselos al otro y burlarse de sus derrotas, en varios casos a través de analogías de esta índole. Dudo mucho que alguien pueda explicarlo sin sentimentalismos.

hacer un kiko

Lo otro: Seguimos arrastrando el pesado y cada vez menos efectivo saco de los roles sociales, tratando en especial a las mujeres como seres sexualmente sumisos; nacidas para la procreación y para satisfacer las necesidades masculinas; considerándonos como putas si nos atrevemos a demostrar demasiada complacencia y como una especie de brujas si osamos demandarla. Pero sin duda a cualquier hombre ha de fascinarle que en el acto oral quien le acompaña se meta sus testículos en la boca (las cosas por su nombre; no con apodos creativos, pero sarcásticos al fin y al cabo); ¿por qué usarlo entonces, para pretender ofender? Al final, sólo transmite la falta de educación que tenemos acerca del erotismo: lo usamos de manera despectiva; para mostrar al otro minorizado; dependiente; pasado a llevar. Una penosa ignorancia que sin duda se manifiesta empíricamente en nuestras vidas sexuales: hombres asumiendo que ciertas acciones no pueden emprenderlas en la cama con sus esposas; piensan que  para eso existe otra clase de mujeres (¡cuando sin duda en realidad es precisamente lo que sus parejas desean!); mujeres que castigan a sus maridos negándoles sexo; los abusos sexuales a menores (que por cierto siempre han existido; no más ahora porque más los muestra la televisión para tapar otros orificios de lo deplorable) demuestran cierta extraña relación satisfacción/sumisión como algo sensacional en ciertas cabezas. Se hace muy necesaria la reflexión acerca de por qué tenemos temor al disfrute sexual sano, grato, recordable; y qué podemos hacer (y hacerlo) para dejar de sentir y hacer sentir al otro/a así para que haya real goce en nuestras camas o donde el momento, la libertad creativa y la pasión sea que nos encuentren.

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